El momento del empleo verde

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Reverdecer nuestras ciudades, industrias y empresas, limpiar el azul del aire, del mar y de los ríos y cuidar el espacio que compartimos todos los seres vivos para mantener y hacer crecer la biodiversidad suena hermoso y además es rentable: genera riqueza, empleo y es una gran herramienta para incentivar la recuperación económica. Asegurar el futuro pasa por completar la transición ecológica. Nunca el mundo lo había tenido tan claro. Instituciones, organismos internacionales, gobiernos, empresas… lo que muchas veces empezaron como una obligación o un compromiso ahora lo continúan porque saben que es la mejor palanca de crecimiento. ¿Qué es? Es la economía verde.

Por eso, no debería llamar la atención que en el reciente informe del Fondo Monetario Internacional ‘Perspectiva Económica Mundial’ (FMI, Octubre 2020), la institución, al identificar qué medidas deberían adoptar los gobiernos para “apuntalar” la recuperación económica, incluya muchas recomendaciones que entran dentro del concepto de la transición ecológica y la economía verde. Así, para el FMI parte de la solución, además de otras políticas sociales, fiscales, sanitarias, etc., pasa por aumentar la inversión pública en energías renovables o la rehabilitación de edificios para lograr una mayor eficiencia energética, por ejemplo. A su juicio, un impulso a la inversión verde mejoraría significativamente los ingresos en la segunda mitad del siglo y, junto a un plan internacional de mitigación del cambio climático, estimularía el PIB mundial y el empleo. En concreto prevé que, de aplicarse una estrategia integral de política económica en esta dirección, de aquí al año 2035 se obtendría una subida del PIB mundial de alrededor de 0,7 puntos y la creación de 12 millones de empleos nuevos.

Más estudios recientes apuntan en esta dirección. El informe ‘Energía renovable y empleos. Revisión anual 2020’ de la Agencia Internacional de Energía Renovable (IRENA, Septiembre 2020) afirma que, de seguirse su propuesta ‘Agenda de Recuperación Post-COVID’, se podrían crear en los próximos tres años alrededor de 5,5 millones de empleos relacionados con la transición energética y llegar a casi 30 millones en el sector de las renovables en todo el mundo para 2030, cuando se estima que el año pasado había 11,5 millones.

IRENA asegura en este informe que a nivel global la fotovoltaica es la que concentraba en 2019 la mayor fuerza laboral total de entre todas las renovables con el 33% y 3,8 millones de puestos de trabajo (el 4,4% de ellos en Europa).

De igual forma, el estudio ‘Energía eólica y recuperación económica en Europa: cómo la energía eólica pondrá a las comunidades en el centro de la recuperación europea’ (WindEurope, Octubre 2020) asegura que si Europa logra doblar su capacidad de energía eólica para 2030 obtendría un 50% más de empleos en el sector, 450.000. Esto solo ocurriría en un escenario ambicioso en el que los Gobiernos implementaran totalmente sus planes nacionales de energía y clima (PNEC), advierte.

Asimismo, en cuanto a la industria solar, tal es el potencial, que la Unión Española Fotovoltaica sugiere que el sector sea reconocido como una cadena de valor de importancia estratégica a nivel europeo (Propuestas para una Estrategia Industrial Fotovoltaica. UNEF, Mayo 2020). A su juicio, ahora que Europa apuesta por la reindustrialización y que la cadena de fabricación fotovoltaica genera crecimiento económico y empleo deberíamos aprovechar que hay empresas españolas que están entre las mejores del mundo y tienen capacidad de producción nacional y tecnología propia.

Esta apuesta por la economía verde está en línea con la política de la Unión Europea y su decisión de destinar parte del fondo del Plan de Recuperación a mitigar el cambio climático. De hecho, para beneficiarse de los recursos con que cuenta cada país a través del instrumento Next Generation EU, la inversión ‘verde’ debe suponer más del 37% del total de los planes nacionales de recuperación.

El ‘Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia de la Economía española’, hecho público el 8 de octubre de 2020, cumple a la perfección con esta condición: destina el 9% de sus recursos -140.000 millones de euros- a la transición energética; el 12% a impulsar las infraestructuras (urbanas, energéticas, transporte…) y los ecosistemas resilientes y el 16% a luchar contra la despoblación y el desarrollo de la agricultura. Esta inversión en infraestructuras verdes reforzará sin duda muchos sectores que crearán un gran porcentaje de los más de 800.000 puestos de trabajo que se propone generar el Gobierno con la puesta en marcha del Plan, que reconoce que “la incorporación de un nuevo paradigma de sostenibilidad ambiental en las infraestructuras es, además de inevitable, una gran fuente de generación de empleo”.

Al respecto cita el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) y recuerda que se estima que con su ejecución se espera un aumento de un 1,8% del PIB en 2030, y la creación de 250.000 a 360.000 puestos de trabajo adicionales de calidad entre 2020 y 2030.

Los datos demuestran, una vez más, que la curva del crecimiento económico y la generación de empleo es de color verde. Cuidar del planeta sale a cuenta.


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