Autoconsumo en comunidades de vecinos

(Tiempo de lectura estimado: 5 minutos) Artículo disponible en audio.

Uno de los grandes logros del Real Decreto 244/2019 fue que permitía a vecinos de una comunidad de propietarios compartir una instalación de autoconsumo (MITECO, 2020), una baza muy necesaria para el impulso del sector fotovoltaico en España, dado que la mayoría de la población vive en ciudades y en bloques de pisos. Era una medida ampliamente esperada tanto por consumidores como por fabricantes, instaladores y comercializadoras.

En cualquier caso, en nuestro país el crecimiento de esta modalidad de autoconsumo es lento todavía. Los expertos estiman que la mayoría se instalarán en las azoteas, por cuestiones de espacio. Si tomamos como referencia el número actual en España de instalaciones en tejados de particulares, edificios comerciales, industriales, edificios públicos, etc. observamos que nos colocamos por detrás de otros países europeos, a pesar del gran capital solar que tenemos. Así, Alemania cuenta con 1,4 millones de tejados solares, Italia con 0,6 millones o Reino Unido con 0,8 millones. En España hay tan solo 10.000. Sin embargo, el potencial es amplio. El mismo estudio que ofrece estos datos afirma que en 2025 podríamos alcanzar 1 millón de tejados solares y que su instalación generaría 15.532 empleos. Señala, además, que en tan solo 5,7 años se recuperarían las inversiones (Observatorio de la Sostenibilidad, 2020).

Una comunidad de propietarios puede acogerse al autoconsumo energético de varias maneras. Puede apostar por una instalación aislada o conectada a la red. En este último caso, puede elegir la modalidad con o sin excedentes (aquella energía que se produce y no se consume) y optar por acogerse o no al mecanismo de compensación, por el que cada consumidor asociado puede recuperar la energía producida que no utilice y que le corresponda, en forma de ahorro en su factura (IDAE, 2020).

Hay muchos factores que pueden intervenir en el tipo de instalación. Está claro que la superficie disponible es absolutamente definitoria de esta elección. Si es pequeña, no permitirá una instalación integral que abastezca a todas las viviendas, pero sí puede servir para cubrir servicios comunes. Es decir, se puede recurrir al autoconsumo para iluminar las escaleras y otras zonas como rellanos, portales, garajes o trasteros. Y ¿por qué no? también zonas exteriores y piscinas. En estos casos, la comunidad es la única usuaria de la instalación y ejerce la titularidad.

Otro factor que influye a la hora de decidirse por el tipo de instalación es si el edificio ya está construido o habitado o está por construir. El grado de acuerdo al que lleguen los propietarios de la comunidad sobre el gasto que estén dispuestos a asumir o el servicio que quieran obtener será también determinante. De esta manera, pueden quedarse en el ejemplo anterior, de autoconsumo sólo para servicios comunes, u optar por una instalación de mayor potencia capaz de abastecer a las propias viviendas. Hay que decir que en esta última opción no es necesario que todos los vecinos se sumen a la iniciativa si no que existe la posibilidad de que se conecten solo aquellos vecinos que lo deseen, lo que no impide que el resto se adhiera más tarde.

En cualquiera caso, recurrir al autoconsumo supone un ahorro para la comunidad y para los propietarios. En la actualidad, el mercado ofrece muchas soluciones con paquetes que incluyen tanto la instalación como el mantenimiento y la comercialización, proyectos llave en mano e, incluso, facilidades de instalación a costo cero a cambio de la gestión de la energía durante la amortización de la inversión.

En general, se considera que la inversión es viable en una comunidad de propietarios cuando la instalación pueda satisfacer más del 50% bien de los servicios comunes o del consumo de cada propietario. El periodo de amortización de una instalación de autoconsumo -de cualquier tipo, no necesariamente colectiva- se encuentra entre seis y diez años. Además, hay que contar con algunas ayudas fiscales que facilitan dar el paso, como bonificaciones del IBI en algunos ayuntamientos.

Casi todas las comercializadoras tienen en sus páginas web sus propias calculadoras ‘solares’ para averiguar en cada caso el coste aproximado y el potencial de ahorro que se obtendría. A modo de ejemplo, en el caso de una comunidad que necesite una potencia de 3,3 kWp y una instalación de 12 paneles necesitaría invertir 7.200 euros más IVA y ahorraría el primer año 1.600 euros.

Una vez tomada la decisión, la instalación puede estar lista en 2 ó 3 días de media, pero depende del tamaño y la complejidad del lugar. En cualquier caso, para empezar a disfrutarla habrá que esperar a terminar todo el proceso de tramitación, que pueden alargarse aproximadamente dos meses.

El autoconsumo en cualquiera de sus modalidades es beneficioso en general para toda la sociedad. Cuantas más instalaciones haya más posibilidades de que se reduzca el precio de la electricidad para el resto de consumidores, puesto que contribuye a abaratar su precio en el mercado diario. Esto ocurre por dos razones, una porque hay menos demanda, menos personas que consumen directamente de la red, y, dos, porque sus excedentes pueden aumentar la oferta de energía renovable, que entra más barata.

Producir nuestra propia energía procedente del sol es una acertada manera de integrar más renovables en nuestro sistema eléctrico y sustituir combustibles fósiles contribuyendo a eliminar emisiones y luchar contra el cambio climático así como mejorar la calidad del aire y disminuir los efectos adversos de la contaminación sobre la salud de las personas.

Todo ello genera riqueza, empleo y contribuye a que aumente la curva de crecimiento que promete la transición a una economía verde.

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