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| Viaje de agua |
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Fuente de Lavapiés |
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Aguador |
Este sistema –que fue introducido durante la presencia de los
árabes-, era capaz de aportar a la ciudad en torno a 2.150 metros
cúbicos al día, cantidad que supone una dotación
de unos 10 litros por habitante y día, menor, con gran diferencia,
a la disponible en las grandes capitales europeas de esa época.
Además, el sistema era incapaz de asegurar el abastecimiento de
la población en situaciones de sequía y, mucho menos, de
posibilitar las expectativas de crecimiento y desarrollo de la ciudad,
con el consiguiente incremento de la demanda de agua urbana e industrial.
Tal era la situación que, en marzo de 1848, Juan Bravo Murillo,
entonces Ministro de Instrucción, Comercio y Obras Públicas,
encargó a una Comisión integrada por los ingenieros Juan
Rafo y Juan de Ribera estudiar los proyectos de suministro de agua a Madrid
que se hubieran redactado con anterioridad, especialmente los de Pedro
Cortijo y Francisco Javier Barra, con objeto de analizar posibles alternativas
al sistema de abastecimiento existente.
En diciembre de ese año, la Comisión presentó su
informe, conocido como Memoria sobre la conducción de aguas a Madrid,
en el que se propone una solución consistente en disponer de una
presa en el río Lozoya, en el lugar conocido como Pontón
de la Oliva. Una conducción de unos 70 km uniría el embalse
con los altos de Chamberí y se construiría un depósito
con una capacidad suficiente para garantizar el consumo de la población
durante cinco días.
La fallida pretensión de financiar las obras con fondos privados
y la salida de Bravo Murillo -principal impulsor de las mismas- del Gobierno
fueron las causas relevantes de que la ejecución del proyecto se
retrasara dos años.
Hubo que esperar al regreso de Bravo Murillo a la Jefatura del Gobierno
–enero de 1851- para que el proyecto se relanzara. El 18 de Junio
de ese mismo año, la Reina Isabel II firmó el correspondiente
Real Decreto para la ejecución de las obras para el abastecimiento
a Madrid y que supuso, de hecho, la creación del Canal de Isabel
II. El proyecto contó con la financiación del Ayuntamiento
de Madrid y de diversos miembros de la Familia Real, de la nobleza y algunos
inversores privados. Entre ellos, destaca la aportación de la propia
Reina Isabel II, que ascendió a cuatro millones de reales.
Las obras se iniciaron el 11 de agosto en la presa del Pontón de
la Oliva y finalizaron en 1858, después de siete años de
intensa actividad, jalonada por numerosos problemas económicos
(déficit de financiación durante el bienio 1854-1855) y
técnicos, motivados, fundamentalmente, por las filtraciones que
se detectaron en el embalse del Pontón de la Oliva.
La inauguración oficial fue el 24 de junio de 1858 en la calle
ancha de San Bernardo de Madrid.
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